20100409

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Capitulo 1: "La ayuda"
Parte I ...Y asi fue...

La lluvia se escuchaba al fondo y Ricardo despertó sobresaltado, estaba sentado frente a su escritorio, se había quedado dormido mientras escribía una historia en su computadora, se sobó el cuello y lo movió de un lado a otro, apretó sus ojos y trató de adaptarlos a la luz de su cuarto, se levantó del sillón y estiró sus brazos, bostezó tapándose la boca, se rascó la cabeza y se asomó a la ventana, levantó las cortinas y vio que llovía, recargó la frente al cristal mientras que soñoliento decía:-De nuevo ese sueño.
Afuera veía a las personas transitar por las calles cubriéndose con sus paraguas, la lluvia se había vuelto impredecible ya hace varios años era difícil pronosticar un cambio de clima a pesar de contar con tecnología que a pesar de ser avanzada, quedó estancada por años debido al desastre Mundial.
-Siempre te quedas dormido cuando te sientas a escribir, ¿Por qué sigues haciéndolo?- dijo una voz femenina.
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Para Ricardo esa voz era habitual, se trataba de su compañera de cuarto Alexandria.
-Me encanta escribir historias- se alejó de la ventana y se acercó hacia donde estaba su compañera-, pero acabando unas cuantas paginas se me cansa la mente- se sentó en el borde de una cama y extendió su mano.
-Para eso existe el café- tomó la mano de Ricardo y apretó con cariño.
Ricardo sonrió; hace dos años atrás fue cuando ellos dos llegaron a Bluestone buscando trabajo, él en una editorial, ella como bailarina; Bluestone era considerado el corazón de Slovorshkaya y cuna de la esperanzas y como era de suponerse una de las ciudades mas pobladas del mundo. Terminando sus estudios ellos dos decidieron venir a esta ciudad a probar suerte pues varias personas les aconsejaron que ese era el lugar indicado para cumplir sus sueños.
Pero la suerte no le brilló a los dos.
-Apenas esta empezando mi vida profesional, no puedo dejar de persistir- dijo Ricardo viendo a los ojos de su amiga.
-Eres aún joven, y lo único que haces es ir a trabajar y venir al departamento, deberías salir a divertirte y conocer a chicas-dijo Alexandria con la cabeza recostada en un montón de almohadas.
-Prometí cuidarte hasta el ultimo aliento de mi vida- dijo Ricardo mirando las sabanas que cubrían las piernas de Alexandria.
-No quise ser un estorbo.
-No lo eres- se acercó al rostro de su amiga y le besó la frente.
Aquellos ojos marrón lo miraron con ternura, su delgada sonrisa se delineaba por su blanco rostro. Para él era la muchacha mas linda que había visto, pero desde hace meses, el rostro femenino se fue demacrando, ya no se cubría con cremas las pecas debajo de sus ojos, sus ojos mostraban leves bolsas rosas y su cabello color paja solo estaba cogido con una pinza por la altura de la nuca, un poco de cabello abultado le cubría la frente y parte de una mejilla donde escondía una cicatriz muy marcada .
-¿Tienes hambre?- preguntó él.
-Un poco.
Ricardo se levantó y salió de la recamara para dirigirse a la cocina, allí se agachó a la pequeña estufa que tenia en un rincón y sacó una caja de sopas instantáneas, rompió la envoltura, abrió la tapa y las lleno con agua de una botella de agua, metió la sopa al horno de microondas y espero a que salieron; se recargó en el borde de la ventana mientras tarareaba una canción y veía la puerta de la recamara semiabierta.
Hace apenas un año cuando su amiga caminaba alegremente entrando a la recamara y vestirse con ropa muy elegante para asistir a la obra de teatro en que ella trabajaba, parecía muy lejano ese recuerdo.
Se escuchó varios trastes caer en la casa de junto, Ricardo dio apenas media vuelta y de reojo se asomaba por la ventana viendo al interior de la casa vecina, se escuchaba una discusión fuerte pero no lograba entender de que se trataba por el ruido de las gotas de agua golpear el suelo, solamente a través de la ventana empañada de la otra casa veía a una joven caminar de un lado a otro moviendo las manos histéricamente, parecía que discutía con alguien mas pero no logró a percibir el otro rostro.
Esa joven era la vecina de junto pero Ricardo no tenia mucha comunicación con ella pues no quería desatender en ningún momento a Alexandria.
La campana del microondas sonó y Ricardo sacó la sopa, cogió una cuchara y la metió revolviéndola mientras se acercaba de nuevo al cuarto.
-Aquí esta la sopa- le dio el vaso de unicel aún caliente y ella jadeó colocándolo rápidamente en la mesita de madera, agitó las manos y se las sopló.
-Estaba caliente- dijo mientras sonreía apenada.
-Yo no lo sentí.
-No importa, ¿Qué estas escribiendo esta vez?
-Una historia romántica, esta es nueva- dijo dándole un vistazo rápido a su computadora y luego a Alexandria- La he titulado provisionalmente “El mago Cazimir y el hada”. Aunque creo que debería abreviarla con una sola palabra.
-Ya veo, pero para escribir una historia debes de vivir esos sentimientos para que los puedas transmitir con claridad- dijo ella apoyando sus manos sobre la cama y acomodándose.
-Si lo se, pero he conocido escritores que no necesitan vivir para transmitir sentimientos.
Alexandria cogió su vaso y empezó a soplarle.
-Escuche ruidos ¿Son de aquí junto?
-Al parecer si, pero no se que pasaba- alegó Ricardo.
-En esa casa siempre se escuchan discusiones y gritos.
-¿En serio?
-Si, pero siempre son en las tardes, cuando tu no estas, solo se escuchan muy rara vez, me sorprende que estén discutiendo el día de hoy.
-¿Y que piensas hacer hoy?- dijo Ricardo limpiando con la manga de su suéter azul una gota de sopa en la playera de su amiga.
-No se, aún no me decido que hacer, pensaba también en escribir mas canciones, o salir a dar una vuelta aprovechando que estas aquí, pero ha estado lloviendo desde ayer.
-¿Cómo te sientes de la espalda?
-Un poco cansada pero es común, aunque últimamente estas almohadas me dan mucha comezón.
-¿Quieres que te las cambie?
-Descuida, otro día, me acabo de acomodar muy bien.
Ricardo se levantó mientras decía:- Voy a imprimir el capitulo 2, en cuanto termine la lluvia te sacaré a dar un paseo.
Alexandria sonrió y agradeció, dejó la sopa a un lado e inclinó el rostro mirando a través de la ventana a la gente.
Se sentó enfrente de su computadora cuando ella habló:-Es cierto se me olvido, me acabé la tinta ayer mientras imprimía unas canciones.
Guardó el escrito que llevaba y apagó la computadora:- Ya era tiempo de que se acabara, ¿No vas a necesitar alguna otra cosa? Voy a salir a comprar otro cartucho- ella negó con la cabeza-, entonces vuelvo enseguida.
Le dio un beso en la frente y salió de la recamara con un gesto de despedida, se abrochó su suéter y cogió las llaves y un paraguas y se peinó con los dedos en espejo que estaba a un lado de la entrada; ya afuera, cerró la puerta y abrió el paraguas, bajó las escaleras y dobló a la derecha, justo en el momento en el que pasaba por la casa vecina, salía una muchacha corriendo, a Ricardo le sorprendió pues no llevaba paraguas ni había cerrado la puerta, paso frente a él y no le vio bien el rostro a ella pues tenia el rostro echado abajo y el largo cabello negro se lo impedía; él pasó desapercibido y volteó de reojo a ver a la joven que se había parado a la orilla de la banqueta queriendo cruzar la calle, del umbral de la puerta salió un sujeto en camiseta y con overol gritándole “”¡¡Espera aún no termino contigo!!””.
-¡Aléjate de mí!- respondió la joven.
Ella cruzó la calle corriendo y desapareció de la vista de Ricardo en una esquina.
-¿Qué habrá ocurrido?- susurraba Ricardo mientras caminaba mirando atrás al sujeto que se metía a la casa azotando la puerta, sin darse cuenta un coche pasó cerca de la banqueta y lo salpicó de agua de un bache que había-, ¡Maldición!- exclamó mientras sacudía los brazos.

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